Día de los pueblos indigenas – El libro de los abrazos – Eduardo Galeano

Rigoberta Menchú nació en Guatemala, cuatro
siglos y medio despues de la conquista de Pedro
de Alvarado y cinco años despues de la conquista de
Dwight Eisenhower

En 1982, cuando el ejercito arraso las montañas
mayas, casi toda la familia de Rigoberta fue exter-
minada, y fue borrada del mapa la aldea donde
su ombligo había sido enterrado para que echara
raíz.

Diez años despues, ella recibio el premio Nobel
de la Paz. Y declaro:

–Recibo este premio como un homenaje al pue-
blo maya, aunque llegue con quinientos años de
demora.

Los mayas son gente de paciencia. Han sobrevi-
vido a cinco siglos de carnicerías.
Ellos saben que el tiempo, como la araña, teje
despacio.

9 de agosto – Día Internacional de los Pueblos Indígenas 

 

Llorar – El libro de los abrazos – Eduardo Galeano

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FUE en la selva, en la amazonia ecuatoriana. Los indios shuar estaban llorando a una abuela moribunda. Lloraban sentados, a la orilla de su agonía. Un testigo, venido de otros mundos, pregunto:

-¿Por que lloran delante de ella, si todavía esta viva?
Y contestaron los que lloraban:

– Para que sepa que la queremos mucho

 

Nochebuena – El libro de los Abrazos – Eduardo Galeano

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FERNANDO Silva dirige el hospital de niños, en Managua.
En vísperas de Navidad, se quedo trabajando hasta muy tarde. Ya estaban sonando los cohetes, y empezaban los fuegos artificiales a iluminar el cielo, cuando Fernando decidió marcharse. En su casa lo esperaban para festejar.

Hizo una ultima recorrida por las salas, viendo si todo quedaba en orden, y en eso estaba cuando sintió que unos pasos lo seguían. Unos pasos de algodon: se volvió y descubrió que uno de los enfermitos le andaba atrás. En la penumbra, lo reconoció. Era un niño que estaba solo. Fernando reconoció su cara ya marcada por la muerte y esos ojos que pedían disculpa o quizás pedían permiso.

Fernando se acerco y el niño le rozo con la mano:
– Decile a… — susurro el niño — . Decile a alguien, que yo estoy aquí.

El mundo – El libro de los Abrazos – Eduardo Galeano

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Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir a lo alto del cielo.

A la vuelta, contó. Dijo que había contemplado, desde allá arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos.

–El mundo es eso – revelo – . Un monto de gente, un mar de fueguitos

Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grande y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y hay gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende.

Dicen las paredes/5 – El libro de los abrazos – Eduardo Galeano

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Dicen las paredes/5

En la Facultad de Ciencias Económicas, en Montevideo: “La droga produce amnesia y otras cosas que no recuerdo”.

En Santiago de Chile, a orillas del río Mapocho: “Bienaventurados los borrachos, porque ellos verán a Dios dos veces.

En Buenos Aires, en el barrio de Flores: “Una novia sin tetas mas que una novia es un amigo”